Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 5. Leiden y Haarlem

Un comentario

En un viaje en familia de casi dos semanas (en nuestro caso con gemelos de tres años) claro que hay días en los que las cosas no salen bien o como las habías imaginado. Esos días están. Y al final de ellos es recomendable quedarse con las cosas buenas que han pasado, que no han sido pocas.

Los días de traslados largos y nuevas estancias para dormir son propensos, además, a que esto ocurra. Al menos en nuestro caso. Una visita a Leiden es muy recomendable, es una joya inusual, una alegría para los sentidos. Y quedaba de camino. Quisimos aparcar en el centro pero el aparcamiento está reservado a residentes y de esto nos dimos cuenta cuando ya estaba todo el despliegue bajado del coche: carros, bolso, coche aparcado… Así que uno se fue a aparcar a un parking y otra se queda en el centro con dos niños de tres años, con manadas de bicicletas, canales a la vista y mil estímulos para explorar. Esto es como cuando en las películas en el momento de mayor incertidumbre los dos personajes deciden separarse a ver si cada uno resuelve. Todo esto sin teléfonos móviles y confiando en la capacidad de orientación y también, digamos, un poquito de suerte. Escapamos.

Leiden tiene unos paseos únicos. Aún así no fue mal del todo, pero en contención. Por ejemplo, en el momento fue caótico, pero ahora, horas después, resulta una escena cómica de la que seguro que se acordarán. La madre ve una tienda con vestidos tirados y con los que estaría guapísima. Y a ellos la tienda les resulta curiosa. Entran a la tienda a la velocidad de un rayo, se pierden, y de repente Piero tiene un sombrero puesto y Julen está probando todas las gafas de sol. Las dependientas se miran. Piero dice: “mira Julen”. Y a partir de ahí arman la fiesta y salen corriendo de la tienda riéndose, con lo que te ves a Mar frente al espejo y a Piero corriendo por una calle de Leiden con una pamela de mujer puesta, mientras Julen sigue con las gafas de sol.

Así, una tras otra, llegamos a la oficina de Turismo que para ser una ciudad como Leiden se queda poco vistosa. No saben español y con el inglés, regular. Nos muestra un parque en el mapa en el que podemos estar cómodos y tiene una cafetería. Haber ido al Naturalis Biodiversity Center podría haber estado bien, ver a sus amigos los dinosaurios desde otro punto de vista. No llegamos al Hortus Botanicus Leiden, un antiguo jardín botánico con cafetería. No pudo ser. Nos encontramos al final en un parque con un ajedrez gigante. Y allí sentados pedimos comida en un indonesio, que picaba un carajo, pero no las comimos. “Quiero noodles, zanahoria, el pollo pica” y bueno, ahí lo llevamos.

A unas cuadras, el Molen de Put, un molino con un parque con un barco de madera que tenía tobogán y algunas zonas de escalada. El molino data de 1600 y tú ni lo miras. Sobrevivimos. Y de camino al parking se duermen y nos vamos hasta Haarlem. Durante el viaje Mar está leyendo un libro sobre disciplina positiva y en el camino lee alguna frase en alto y lo cierto es que nos está viniendo bien para sobrellevar la intensidad.

En Haarlem, tras el checkin, damos un paseo hacia el centro de la ciudad, que tiene una inmensa plaza para correr y saltar. En un ratito había un concierto de órgano en la iglesia. Una frikada muy gorda, pero por probar. Y en tres minutos, le cogieron el helado a una mujer que pasaba por allí, le dieron dos golpes al señor que estaba tranquilamente mandando sus whatsapps y unas plantas fueron abonadas. Claro, porque al viaje se ha sumado que los dos han decidido dejar el pañal justo estos días. Divertidísimo.

Al final, concierto de órgano no y una pizza y una pasta, que es mano de santo por lo que les gusta hicieron posible una cena. Y un día así merecía un epílogo de festival en la habitación (más pequeña de lo que creíamos), con saltos, fiestas y risas y una liada tras otra. Que si la cortina, la litera, el baño, la luz y todo entre risas explosivas imparables. Los padres de gemelos saben que cuando semejante complicidad se alía…

Así que en definitiva lo que parecía haber sido un día intensamente jodido y de tensión, resulta que fue el despertar en el paraíso que un día soñaste para pasar unas vacaciones, comida indonesia en un parque de Leiden, cena italiana en el Markt de Haarlem y acostarse entre risas, fiestas y diversión. Así que, en definitiva, lo que pareció un mal día, no lo fue tanto. Ahora bien: en el procurar la felicidad para nuestros hijos, no olvidemos procurar la nuestra propia, que no siempre tiene por qué ser ni en el mismo momento ni coincidentes.

A dormir, que mañana nos metemos en la biblioteca de Amsterdam y lo haremos con una sonrisa de reto logrado. De sueño cumplido. Si llegamos, claro 🙂

Singular: 1 comentario en “Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 5. Leiden y Haarlem”

  1. Familia me encantan sus aventuras! Veo a Piero y Julen calle abajo y Mar con el vestido a media pierna y me recuerda a una escena de Pippi Calzaslargas!
    Qué cómico, pero a vista de pájaro!
    A seguir disfrutando! Gracias por llevarnos de viaje con ustedes!
    En Adam no dejen de visitar el Amsterdamse Bos, si lo pueden recorrer en bici mejor q mejor u darse un bañito en el lago!
    Un abrazo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s