Por qué evitar la ‘anestesia electrónica’ en la primera infancia

El confinamiento, la pandemia y la deriva arrastrada previo a lo ocurrido este año ha introducido más, si cabe, la electrónica en nuestras vidas y también en la vida de los niños y niñas. Es posible que durante estos meses algunos hábitos hayan cambiado y la exposición a pantallas en la infancia sea mayor. Sin embargo, en temprana edad cualquier tiempo y en las diferentes etapas de la infancia un exceso de exposición a pantallas, ya sea móviles, tablets, portátiles o televisión está causando efectos nocivos en los niños y niñas que conviene tener en cuenta.

Hemos consultado a dos profesionales al respecto para conocer su opinión.

Conchi Millet es psicóloga familiar y consultada por esta situación explica que:

Desde el punto de vista de la psicología evolutiva, son varias las perspectivas desde las que podemos poner la mirada del desarrollo saludable de las personas en sus primeros años de vida. Podemos, por ejemplo, poner el foco en las capacidades de aprendizaje, y otras funciones que nos ayudan a adaptarnos a la vida diaria, así como a tener un buen rendimiento escolar. Serían por ejemplo la memoria, la atención, la capacidad de planificar una acción, la capacidad de esperar. Pues bien, diversos estudios consideran que estas habilidades se ven afectadas por el uso continuado de pantallas, y que además, cuantas más horas de pantallas, y cuanto más temprana sea la exposición a las mismas, mayor será la afectación. También podríamos poner el foco en la calidad de los aprendizajes. En la primera infancia, lo más importante es aprender desde la experiencia, poniendo el cuerpo con todos los sentidos al servicio de este aprendizaje. Esto es, que para saber cómo es una piedra, con todas sus cualidades, necesitan tocarla, cogerla, moverla, tirarla… cuando la ven en una pantalla, solo ven el tamaño y el color. El aprendizaje se ve privado de toda la riqueza que tiene vivir la propia experiencia, los niños, antes las pantallas son sujetos pasivos. 

Si te pido que imagines a niños o niñas pequeñas, cuando están entusiasmadas, en algún aprendizaje nuevo, ¿Te las puedes imaginar quietas? El movimiento es parte del aprendizaje. Cuando juegan con elementos naturales, que van a un ritmo natural, el niño tiene tiempo de explorar en profundidad, y de moverse para ir integrando el aprendizaje. Cuando están frente a una pantalla, el ritmo para ellos es vertiginoso, son infinitos estímulos que les cuesta procesar, y además su cuerpo está absolutamente quieto, no entra en juego. No es extraño entonces, que incluso se vea alterado el sueño de un niño que se vaya  a la cama justo después de ver dibujos, su cuerpo necesita moverse después de tanto estímulo.

Por otro lado, Aída García, logopeda y profesora de yoga infantil, destaca:

En logopedia se incrementan las valoraciones por retraso en la adquisición del lenguaje en las que se observa un exceso de exposición a las pantallas en edades tempranas. Cuando nos entrevistamos con las familias nos damos cuenta de que el uso pantallas es parte de la rutina diaria y se asocian al aprendizaje de las habilidades de la vida. No es que dichos retrasos en la adquisición del lenguaje sean únicamente por esta sobrexposición, pero sí una variable de peso en la adquisición de los prerrequisitos del lenguaje, como las respuestas perceptivo -atencionales, la imitación temprana, la intencionalidad o la acción – reacción.

El desarrollo del lenguaje debe ser la unión entre un componente neurobiológico innato y la interacción natural con el medio. De 0 a 2 años las interacciones con los iguales, la naturaleza, los sonidos, el juego, el movimiento y crear espacios para la exploración e imitación, deberían ser suficientes para un buen desarrollo. Sin justificación aparente, no hay necesidad alguna de presentar tiempo de pantalla en este estadío evolutivo. Un bebé no nos pide una pantalla, tendrá interés e interactuará con ella, porque está llena de estímulos potentes, pero con quien tiene que interactuar es contigo y con el contexto que le rodea.

Permanecer delante de las pantallas muchas horas nos traslada a espacios muy estimulantes en los que permanecer pasivos. Cierto es que muchos niños y niñas adquieren un vocabulario extenso, conceptos… pero están desarrollando algunas funciones mientras anulan otras y esto ocurre porque aún no corresponden a la evolución del niño o niña. La sobreexposición a las pantallas puede retrasar la maduración de procesos lingüísticos y acotar las experiencias de los mismos. Se estimulan principalmente las áreas visuales y auditivas del cerebro, dejando con poca o nula estimulación a áreas especializadas en la comprensión del lenguaje. Lo recomendable es compartir con el niño o la niña el tiempo de pantalla y así dar significado o acompañamiento a aquello que ve de forma oral.

Estudios de Carr. N., 2011 sobre el uso de las pantallas afirman el impacto cerebral de las mismas en temprana edad gracias a la Neuroimagen. Existen evidencias de un uso excesivo del córtex frontal, por incremento del uso de las yemas de los dedos. Daba lugar a un uso preferente del sistema de cognición automático, rápido e intuitivo. Esto restaba el uso de sistemas de reflexión y lógica. Mostraba un descenso en el desempeño verbal como son las áreas de Wernicke.

No es raro ver en consulta a niños y niñas que hablan igual que los dibujos animados que más les gustan. Con una prosodia idéntica al del referente animado. En Canarias, Andalucía y países de Latinoamérica en mayor medida se hace evidente a temprana edad como se instaura el “castellano neutro” con un léxico que no se corresponde al propio de su contexto social, familiar y lingüístico. Se integran incluso fonemas que no existen en el modelo familiar. En ocasiones son simplemente las neuronas espejo infantiles imitando aquello que tanto le gusta pero también puede ser indicador de falta de referentes naturales a los que imitar por sobreexposición al contenido que ofrecen las pantallas. En estos casos NO hablamos de un retraso en la adquisición del lenguaje, pero sí es un fenómeno lingüístico a destacar, puesto que los cambios no son tan relevantes cuando la exposición al “castellano neutro” es a través de los cuentos, libros o interacción con personas.

Las pantallas no son el enemigo, es el uso excesivo de las mismas y sobre todo a temprana edad.

Trastornos del Espectro Autista, TDAH, Sistemas Alternativos y Aumentativos de Comunicación, Afasias, Déficitis Auditivos y Visuales. El apoyo en las nuevas tecnologías y aplicaciones son un gran recurso educativo y terapéutico.

Depende de nosotros los adultos realizar programas de control y/o higiene del uso de pantallas, usarlas de forma consciente, no como regulador de conductas, no como una chupa o anestesia electrónica.

Para más información puedes consultar Healthy Children, esta información de La Vanguardia o esta pieza periodística de Javier Salas en El País.

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