Ocho Pies en La Palma: A sus pies, majestad (I)

Nuestra relación con la isla de La Palma es de devoción hacia este lugar mágico. Así que descártese algún tipo de objetividad ante esta maravilla clavada en el Océano Atlántico, rincón deseado y por alejado no siempre puesto en valor.

Tras un viaje en barco, tránsito por Tenerife (al final comentamos sobre esta situación inédita de viaje entre islas con una de ellas con restricciones de movilidad) y un nuevo viaje en barco llegamos a la isla de La Palma, inocentes, dispuestos a dejarnos impresionar. Como si la viéramos por primera vez.

Uno de nosotros tiene que trabajar aquí estos días y venimos todos para compartir el final de año. Aprovechamos para visitar, comer y conocer, con todas las medidas de protección necesarias en este momento que condiciona más de una situación pero que permite también un viaje que si bien es diferente, también es posible.

Los niños van creciendo y los viajes van cambiando. Hemos disfrutado mucho la primera infancia con ellos en Italia, Lanzarote, Fuerteventura, Tenerife, Holanda y Bélgica. En La Gomera comprendimos que sus necesidades y las nuestras estaban cambiando y que se abre un nuevo mundo que ofrece nuevas posibilidades y nuevas curiosidades 🙂

Lo teníamos apuntado en pendientes: Visitar el Museo Insular de La Palma. Ubicado en el Real Convento de la Inmaculada Concepción de Santa Cruz de La Palma ofrece una visita a un espacio que abre sus puertas en una esquina de la Plaza de San Francisco. Dos claustros y jardines albergan una colección sorprendente. Desde la Sala de Ciencias Naturales, pasando por la Sala de Bellas Artes o la Sala Principal de Etnografía. A ellos especialmente le llamó la atención la Sala de Ciencias Naturales por lo que estuvimos en ella más tiempo. De hecho, mañana volveremos porque creemos en las segundas visitas a este tipo de espacios. La segunda visita la hacemos con folios y colores.

Hace cuatro años que Santa Cruz de La Palma tiene playa, con arena extraída desde las proximidades y puesta como escudo entre el mar y la ciudad que justo por estas fechas hace unos años dejó constancia de su poder natural inundando la primera línea de la capital. Ahora, se ha ganado unos metros. Se han ganado unos años.

En la playa hay un parque infantil y una cancha de fútbol estupenda para disfrutar descalzos. Además, fue especial porque compartimos la mañana con la bonita y creativa familia de Karmala Cultura.

De camino a la biblioteca de Los Sauces, por consejo de Tamara nos desviamos un poco para visitar San Andrés, una delicia entre plataneras en cuya plaza se alojan varias terrazas y un ambiente encantador. Allí conocimos a un cuentacuentos, gemelo como nuestros hijos, que nos habló de la cueva de las sirenas y de las catacumbas de la parroquia de San Andrés Apóstol y las historias que oculta. Y les dejó a los niños una semilla sembrada: «Ustedes cuando lleguen a los sitios pregunten: ¿Cuáles son los secretos y misterios de este lugar?».

En la serpenteante y pendiente carretera que conduce a Los Sauces perdernos fue un placer. Una y otra vez acabamos en calles sin salida pero disfrutando las vistas. Casas entre plataneras, patios naturales inimaginables. Ahí está el secreto. Ese es el origen.

Llegamos a la biblioteca de Los Sauces donde reservamos una plaza para Leerte Bien una actividad planteada por Seroja Cultura, a los que seguimos hace años y hoy tuvimos el gusto de conocer y ellos disfrutar. Nos encanta ir a las bibliotecas de los pueblos.

Mañana nos vamos a Garafía, majestad, la atravesaremos con mascarilla pero con la boca abierta.

PD: En casa unos imagina, otra hace las fotografías y otro escribe. Entre todos empujamos. Y Mar, impulsora de Ocho Pies y tejedoras de redes infinitas, es la que inmortaliza los momentos.

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