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#PintaelTeje

Hace unos días nos encontramos un mensaje del Servicio de Limpieza del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que decía:

Volvemos a encontrar el pavimento del #ParqueDoramas coloreado con tiza por los menores que acuden allí a jugar. Su limpieza nos obliga a emplear muchos recursos, por lo que agradeceríamos a responsables de los niños que lo tuvieran en consideración… #JugarSinEnsuciar

Esta es una época muy dura para la infancia: un año de pandemia, tres meses confinados-as, vuelta al cole en circunstancias particulares, extrañas, parques precintados y el resto de medidas que se han tomado en este momento. ¿De verdad, equipo de Limpieza del Ayuntamiento de Las Palmas, le dieron una vuelta a esta publicación antes de hacerla? Ojalá viéramos más niños y niñas pintando con tizas, creando y jugando en las calles y plazas.Más empatía con la infancia, por favor.

Posteriormente hicieron una segunda publicación:

👇🏼Sinceramente, no esperábamos este tipo de reacción, ni creemos que sea justo algunos de los comentarios que leemos descalificando nuestra labor. En ningún momento nos hemos quejado de que los niños jueguen, ni de tener que limpiarlo.Solo hemos pedido que se tenga en consideración porque es una situación que nos estamos encontrando (casi a diario) y su limpieza requiere de los mismos recursos que empleamos para la limpieza de mobiliario urbano, ubicaciones de contenedores, aceras, etc., que son absolutamente prioritarios en la situación actual.Está claro que no nos hemos sabido explicar.

Recursos que se emplean en la limpieza:

1 mando (Inspección ocular)

1 Furgón hidrolimpiadora (agua a presión)

1 conductor

1 operario

Y siendo así, se nos ocurre que dadas las restricciones actuales, con seguridad, alegría e imaginación, podríamos lanzar entre todas la iniciativa #PintaUnTeje.

🤸🏽‍♂️ Pinta un teje y comparte una foto. Y jueguen y salten, claro. No es pintar por pintar 🙂🤸🏽‍♂️ Nos la pueden enviar y las iremos publicando. Y así de paso recordamos que las niñas y los niños existen.

¿Se animan?

La pueden enviar aquí.

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Ocho Pies en La Palma: Tras las huellas de Barbarroja y la graja peninsular (y IV)

Cuenta la leyenda que fue a principios del siglo pasado cuando llegó, se desconoce si por mar o por tierra, un forastero que se instaló en Aguatavar, entre Tinizara y Tijarafe. Quizá había escuchado hablar de la isla de San Borondón y se asomó al oeste de Canarias a ver si en su horizonte se divisaba. Aquél forastero llegaba de tierras lejanas y al otro lado del mar. Se decía que no venía de ninguna otra isla canaria, sino de más allá aún, desde la península ibérica. Nunca se precisó su procedencia apuntándose tan solo que venía de la conocida como España continental. Avistado con misterio por parte de los vecinos pronto se le fue conociendo por su imparable pericia con las manos, pero, según la historia relatada, parece que también de su imaginación que volaba tan rápido como sus dedos. Fabricaba títeres, cabezudos y gigantes, los niños los rodeaban y creaban manadas a su alrededor que sonaban a emoción e ilusión.

Pero entre todos los personajes que creó el personaje creador destacó uno: Cataclismo. Alto como un pino, largas manos y ropa negra. Medía tres metros y acabó protagonizando fiestas populares. A Cataclismo lo acompañaban gigantes y cabezudos danzando. Cataclismo bailó, asustó y sonrojó durante cinco años hasta que desapareció de los festejos. Fue como si se lo hubiese tragado la tierra. Así, al tiempo, también Barbarroja se fue como había llegado, no se sabe si por mar o por tierra pero un día, los grupos de niños no lo encontraron y sus machangos ya no aparecían de forma improvisada cualquier tarde de mayo. Cataclismo se marchó pero los machangos y las ingenierías lúdicas siguieron sembrando curiosidad, diversión y también primeros y divertidos o angustiosos miedos.

Ahora, se puede encontrar un parque en su honor: El Parque Infantil Barbarroja, un parque pensado e ideado con sensibilidad y pensando en el juego. Fue un placer disfrutarlo, Barbarroja, donde quiera que esté y gracias por lo inspirado.

Y hablando de personas, especies y aves que llegaron desde la España continental, tras volver al Barranco de las Angustias para verlo desembocar de forma salvaje en el Océano Atlántico como mimetizándose con la inmensidad, llegamos casi por casualidad al Centro de Interpretación del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, ubicado en El Paso en la carretera general justo antes del Túnel del Tiempo, que tendrá otro nombre pero al que todo los que por aquí pacemos así conocemos.

Y en medio de tanta singularidad, endemismos, insularidad, parque botánico e incluso de la historia de Canarias recreada evidenciando la salvajada cometida por los castellanos y como la Caldera de Taburiente fue el último reducto donde Tanausú resistió como pudo, encontramos a una graja palmera, símbolo animal de la isla, que debía proceder, por su acento, de la mencionada España continental. Y es la segunda vez en tres meses que se nos da esta circunstancia, que extraña pudiera parecer, de que un animal endémico en un Parque Nacional de Canarias (antes fue el de Garajonay) habla como si hubiese nacido en Cuenca o en Valladolid. Y qué se yo, que tampoco cuesta nada que la voz de los animales de Canarias recreados para vídeos de Parques Nacionales de Canarias tengan el mismo acento que aquellos de los lugares que se representan. No sé, llámennos locos. Bien merecería la pena una revisión a los audiovisuales que estos Parques Nacionales muestran cada año a miles de personas. Desde el vídeo de la guagua que recorre Timanfaya al vídeo ochentero del Garajonay o a la Graja peninsular de la Caldera de Taburiente.

No es solo una cuestión de identidad sino también de honestidad, inteligencia y verdad.

Ocho Pies en La Palma: ¿Por qué el mar tiene sal?

Ocho Pies en La Palma: De Puntallana a Garafía por la carretera de Las Mimbreras

Ocho Pies en La Palma: A sus pies, majestad

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Ocho Pies en La Palma: ¿Por qué el mar tiene sal? (III)

De Garafía a Fuencaliente.

El 1 de enero de 2021 como si a modo de deseo quisiéramos escribir un prefacio de lo que queremos para el año sobre el que ya galopamos, decidimos recorrer el mundo entero, el mundo, al menos, que teníamos al alcance de la mano aquél día que empezó con una simple tostada en una casa prestada tras un «feliz año nuevo, cariño».

Ellos jugaban a construir sus primeras historias del día entrando y saliendo de las habitaciones laberínticas mientras preparábamos la excursión. Salíamos desde Garafía con la intención de estar lo más cerca del cielo que pudiéramos y por el camino nos encontramos con un grupo de chicos senegaleses que llegaron a La Palma hace cuatro meses. La ropa tendida, el tiempo pasando y los chicos sonriendo, agradecidos a la espera de saber qué es lo que buscan saboreando lo que tienen. Preguntamos por el camino más corto al Roque de los Muchachos y como no hay más que uno, por allí fuimos.

Las aparentes piedras que dan nombre al lugar tan solo invitan a pasar a su espalda y descubrirse ante un accidente geográfico descomunal que entierra sus raíces en las profundidades y se levanta bruscamente hacia la eternidad. Las nubes se mecen en su interior como la pócima de la eterna juventud.

Desde las alturas decidimos bajar al mar y pisar la tierra más joven de la isla y lo hicimos atravesando el Parque Natural de las Nieves no sin dejarnos impresionar por el ambiente científico y con rasgos de plató cinematográfico de ciencia ficción que deja la suerte de parque científico con el que mirar al cielo para saber lo pequeño que somos. No deja de sorprenderme, disculpen mi ignorancia científica, que busquemos soluciones en el espacio y no ofrezcamos oportunidades en la tierra.

De los 15 grados de la cumbre atravesamos los cuatro grados y el frescor de un Parque Natural que es un monumento y comparte isla con la Caldera de Taburiente. Es una brutalidad: El Parque Natural de las Nieves colinda en su parte occidental con el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Y dentro de él se encuentran Los Tilos, Reserva de la Biosfera. En la isla hay más de 1.000 kilómetros de senderos señalizados. En la próxima visita a La Palma (estamos planeando algo colectivo) nos adentraremos en esos mundos. Y los mostraremos.

Nuestra ruta del cielo al mar seguía hacia Fuencaliente y allí llegamos. Recomendado reponer fuerzas en la Panadería-Pastelería Zulay, abierta desde 1938 o el Bar La Parada, que da nombre al momento. Nos asomamos al Volcán de San Antonio, que desde la cresta se deja caer hasta el fondo de su cráter. Este año se cumplen 50 años de la erupción del volcán Teneguía. La lava que expulsó se ha convertido en la tierra más joven que pisar en Canarias. Y en aquella tierra negra, al brillar de las salinas que dejan entrever la sangre blanca del agua de mar, con el sol cayéndose de frente, con El Hierro y La Gomera a la vista, uno de nuestros hijos me interrumpió ante tanto embelese para devolverme a la vida con una pregunta tan sencilla como compleja: «¿Por qué el mar tiene sal?». Lo miré con los ojos como platos, vi que su hermano también esperaba una respuesta, suspiré y vi venir a su madre y la respuesta se puso ante mi: «Mira, Mar, que es como se llama tu madre, trae unos plátanos verdes fritos. Y fíjate plátano es esdrújula», le dije. «Plátano tiene 7 letras», me dijo. Más tarde le diría que no sé porque el mar tiene sal, que juntos encontraríamos una respuesta.

A la vuelta cenamos en los Llanos de Aridane que tras pasear por algunos pueblos de tres Islas en época navideña, algo a lo que hemos de admitir que hemos encontrado un gusto que ruboriza pero disfrutamos, estaba impecable. Pasamos de noche por el barranco de las Angustias al que regresaremos al día siguiente no sin antes conocer la historia de Barbarroja, aquel personaje misterioso que dio forma a una fiesta y nombre a un parque infantil que se disfruta en Tijarafe.

Ocho Pies en La Palma: De Puntallana a Garafía

Ocho Pies en La Palma: A sus pies majestad

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Ocho Pies en La Palma: De Puntallana a Garafía por Las Mimbreras (II)

Nos vamos a Garafía.

Salimos hacia el norte y en Puntallana la carretera pasa por el Puente del Granel, que a su izquierda deja el Parque de los Siete Ojos, un merendero con playground estupendo para estar un rato. Después, en Tierra Fuente, podrás encontrar la tienda de Fundación Isonorte, que desde 1993 trabaja contra la exclusión social e intentando tener un impacto positivo en la sociedad. Un proyecto que te invitamos a conocer.

Una de las vías para llegar a Garafía está cerrada por un derrumbe en la carretera y la única opción para llegar a Santo Domingo desde Barlovento es la carretera de Las Mimbreras. Nos lo explica una vecina mayor, con pañuelo negro, bastón, perro y abrigada hasta las cejas. El acento baila entre La Palma y Galicia. Nos dice que está la posibilidad de ir cerca del mar o por el monte. Nosotros, sin saber del derrumbe, decimos que la del monte y ella, que nos invita a café, dice que también, que es la que más le gusta: la carretera de Las Mimbreras.

Los túneles antiguos, las estrecheces de la vía y la explosión paisajística de la Laurisilva hacen de ella un viaje en el tiempo, abriéndose imponentes castillos vegetales que observas hasta tener que elevar la mirada para alcanzar su final que se levanta decenas de metros más arriba. Una mezcla de verde, marrón y azul en los días despejados imposibles de combinar con mayor fiereza y belleza. Un paisaje brusco, abrupto y delicado a la vez. Una pintura viva. La vegetación convive en perfecta sinfonía y avisa del aislamiento que ha tenido que vivir la zona norte de la isla de La Palma hasta que las comunicaciones han ido mejorando.

Una vez atravesada, en Santo Domingo, Garafía, nos han acogido estos días la buena gente de La Osa Polar, asociación creadora y transformadora. Tejedora de redes e impulsoras, entre otras muchas cosas, del Festival del Monte, que este año no se ha podido realizar como estaba previsto, pero que ofrecerá su programación de forma online. Ojalá larga vida a este festival hecho por manos y cabezas de gente generosa y comunitaria.

Garafía guarda una forma de vida ajena a lo común en Canarias. Merece la pena contemplarlo y ser consciente. San Antonio del Monte, el Puerto de Santo Domingo o La Zarza son lugares para comprobarlo, observando el devenir del camino y sus habitantes. En este pueblo del noroeste de La Palma que sube hasta el Roque de Los Muchachos, en Las Tricias encontramos una plaza en la que está el Camú Camú, un remanso gastronómico para disfrutar de la tranquilidad bien alimentada, con producto local, exquisito y una atención inmejorable. Aquí, accidentalmente (nos quedamos sin gas), cenamos por última vez en 2020.

Antes, su último atardecer, lo disfrutamos en el Puerto de Puntagorda, un antiguo embarcadero que alberga también cuevas y una piscina natural. Allí, uno de los puntos más occidentales de Canarias ve caer el sol por última vez en el archipiélago.

Ver:

Ocho Pies en La Palma: A sus pies majestad (I)