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Ocho Pies en La Palma: Tras las huellas de Barbarroja y la graja peninsular (y IV)

Cuenta la leyenda que fue a principios del siglo pasado cuando llegó, se desconoce si por mar o por tierra, un forastero que se instaló en Aguatavar, entre Tinizara y Tijarafe. Quizá había escuchado hablar de la isla de San Borondón y se asomó al oeste de Canarias a ver si en su horizonte se divisaba. Aquél forastero llegaba de tierras lejanas y al otro lado del mar. Se decía que no venía de ninguna otra isla canaria, sino de más allá aún, desde la península ibérica. Nunca se precisó su procedencia apuntándose tan solo que venía de la conocida como España continental. Avistado con misterio por parte de los vecinos pronto se le fue conociendo por su imparable pericia con las manos, pero, según la historia relatada, parece que también de su imaginación que volaba tan rápido como sus dedos. Fabricaba títeres, cabezudos y gigantes, los niños los rodeaban y creaban manadas a su alrededor que sonaban a emoción e ilusión.

Pero entre todos los personajes que creó el personaje creador destacó uno: Cataclismo. Alto como un pino, largas manos y ropa negra. Medía tres metros y acabó protagonizando fiestas populares. A Cataclismo lo acompañaban gigantes y cabezudos danzando. Cataclismo bailó, asustó y sonrojó durante cinco años hasta que desapareció de los festejos. Fue como si se lo hubiese tragado la tierra. Así, al tiempo, también Barbarroja se fue como había llegado, no se sabe si por mar o por tierra pero un día, los grupos de niños no lo encontraron y sus machangos ya no aparecían de forma improvisada cualquier tarde de mayo. Cataclismo se marchó pero los machangos y las ingenierías lúdicas siguieron sembrando curiosidad, diversión y también primeros y divertidos o angustiosos miedos.

Ahora, se puede encontrar un parque en su honor: El Parque Infantil Barbarroja, un parque pensado e ideado con sensibilidad y pensando en el juego. Fue un placer disfrutarlo, Barbarroja, donde quiera que esté y gracias por lo inspirado.

Y hablando de personas, especies y aves que llegaron desde la España continental, tras volver al Barranco de las Angustias para verlo desembocar de forma salvaje en el Océano Atlántico como mimetizándose con la inmensidad, llegamos casi por casualidad al Centro de Interpretación del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, ubicado en El Paso en la carretera general justo antes del Túnel del Tiempo, que tendrá otro nombre pero al que todo los que por aquí pacemos así conocemos.

Y en medio de tanta singularidad, endemismos, insularidad, parque botánico e incluso de la historia de Canarias recreada evidenciando la salvajada cometida por los castellanos y como la Caldera de Taburiente fue el último reducto donde Tanausú resistió como pudo, encontramos a una graja palmera, símbolo animal de la isla, que debía proceder, por su acento, de la mencionada España continental. Y es la segunda vez en tres meses que se nos da esta circunstancia, que extraña pudiera parecer, de que un animal endémico en un Parque Nacional de Canarias (antes fue el de Garajonay) habla como si hubiese nacido en Cuenca o en Valladolid. Y qué se yo, que tampoco cuesta nada que la voz de los animales de Canarias recreados para vídeos de Parques Nacionales de Canarias tengan el mismo acento que aquellos de los lugares que se representan. No sé, llámennos locos. Bien merecería la pena una revisión a los audiovisuales que estos Parques Nacionales muestran cada año a miles de personas. Desde el vídeo de la guagua que recorre Timanfaya al vídeo ochentero del Garajonay o a la Graja peninsular de la Caldera de Taburiente.

No es solo una cuestión de identidad sino también de honestidad, inteligencia y verdad.

Ocho Pies en La Palma: ¿Por qué el mar tiene sal?

Ocho Pies en La Palma: De Puntallana a Garafía por la carretera de Las Mimbreras

Ocho Pies en La Palma: A sus pies, majestad

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Ocho Pies en La Palma: De Puntallana a Garafía por Las Mimbreras (II)

Nos vamos a Garafía.

Salimos hacia el norte y en Puntallana la carretera pasa por el Puente del Granel, que a su izquierda deja el Parque de los Siete Ojos, un merendero con playground estupendo para estar un rato. Después, en Tierra Fuente, podrás encontrar la tienda de Fundación Isonorte, que desde 1993 trabaja contra la exclusión social e intentando tener un impacto positivo en la sociedad. Un proyecto que te invitamos a conocer.

Una de las vías para llegar a Garafía está cerrada por un derrumbe en la carretera y la única opción para llegar a Santo Domingo desde Barlovento es la carretera de Las Mimbreras. Nos lo explica una vecina mayor, con pañuelo negro, bastón, perro y abrigada hasta las cejas. El acento baila entre La Palma y Galicia. Nos dice que está la posibilidad de ir cerca del mar o por el monte. Nosotros, sin saber del derrumbe, decimos que la del monte y ella, que nos invita a café, dice que también, que es la que más le gusta: la carretera de Las Mimbreras.

Los túneles antiguos, las estrecheces de la vía y la explosión paisajística de la Laurisilva hacen de ella un viaje en el tiempo, abriéndose imponentes castillos vegetales que observas hasta tener que elevar la mirada para alcanzar su final que se levanta decenas de metros más arriba. Una mezcla de verde, marrón y azul en los días despejados imposibles de combinar con mayor fiereza y belleza. Un paisaje brusco, abrupto y delicado a la vez. Una pintura viva. La vegetación convive en perfecta sinfonía y avisa del aislamiento que ha tenido que vivir la zona norte de la isla de La Palma hasta que las comunicaciones han ido mejorando.

Una vez atravesada, en Santo Domingo, Garafía, nos han acogido estos días la buena gente de La Osa Polar, asociación creadora y transformadora. Tejedora de redes e impulsoras, entre otras muchas cosas, del Festival del Monte, que este año no se ha podido realizar como estaba previsto, pero que ofrecerá su programación de forma online. Ojalá larga vida a este festival hecho por manos y cabezas de gente generosa y comunitaria.

Garafía guarda una forma de vida ajena a lo común en Canarias. Merece la pena contemplarlo y ser consciente. San Antonio del Monte, el Puerto de Santo Domingo o La Zarza son lugares para comprobarlo, observando el devenir del camino y sus habitantes. En este pueblo del noroeste de La Palma que sube hasta el Roque de Los Muchachos, en Las Tricias encontramos una plaza en la que está el Camú Camú, un remanso gastronómico para disfrutar de la tranquilidad bien alimentada, con producto local, exquisito y una atención inmejorable. Aquí, accidentalmente (nos quedamos sin gas), cenamos por última vez en 2020.

Antes, su último atardecer, lo disfrutamos en el Puerto de Puntagorda, un antiguo embarcadero que alberga también cuevas y una piscina natural. Allí, uno de los puntos más occidentales de Canarias ve caer el sol por última vez en el archipiélago.

Ver:

Ocho Pies en La Palma: A sus pies majestad (I)

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Ocho Pies en Lanzarote: un paseo por el Norte

El 1 de enero amaneció despejado. Las tuneras seguían en el mismo lugar que el día anterior. Sería prodigioso que no lo estuvieran aunque hubiésemos cambiado de año. Después de desayunar, con la nevera llena (tomate, uvas, manzana, pera, pasta…), marchamos en busca de una playa al norte de la Isla. Lanzarote se va mostrando delicada y abrupta, como un oximorón en sí. Con las montañas peinadas por el viento, el agua azotada por el viento, los pelos al vuelo por el viento, los molinos en movimiento por el viento.

El Malpaís de la Corona es un capricho geológico por el que pasear es un lujo. Cuántas formas inexactas, imperfectas, maravillosas, negras, quemadas que de repente desemboca en caletones de arena blanca y fina encontrando el contraste necesario. En el Caletón Blanco, donde hasta los noruegos iban con pantalón largo y chaqueta, nos bajamos en cholas y bermudas con ánimo de agua salada para empezar el año.

El Caletón Blanco está cerca de Órzola, a un par de minutos.
Los animales formando.

Tras unas cuantas carreras, saltos por los charcos y chapoteo, los corrales de piedras se erigen como refugio para jugar, comer y observar como las playas han cambiado su uso desde la llegada de las redes sociales. Más que cambiado, probablemente, intensificado: vimos un desfile de gente que llegaba al agua y posaba, con sonrisa forzada, para la foto de turno. Y marchaban. Y así, uno, dos, tres, cuatro, cinco y perdimos la cuenta. Mientras, las cebras y el león habían conquistado el territorio del tigre y todos juntos desfilaban hacia otro país. O eso decían. El Caletón blanco, aunque ventoso, es un lugar idóneo para un día de playa familiar. Calculamos marea baja para tener más playa.

Mirando el Río

Para coger un poco de resuello y calmar las cabelleras subimos hasta el Mirador del Río en busca de un café. Aún tenemos la boca abierta. No es el paisaje ni la construcción que permite su vista, sino la combinación de ambos. Lo que Manrique llamaba el arte total. Qué locura de lugar. Supongo que si han estado no cabe palabra alguna más que podamos aportar. Si no han estado, busquen un hueco en algún momento. De ahí, bajamos por Ye a Jameos del Agua para seguir alucinando. Allí, recordaré siempre, los niños enterraron a Spiderman, metafóricamente, bajo piedritas y solo dejaron sus botas a la vista, para que «se le viera un poco». Era fundamental.

No tengo ni quiero palabras para describir lo que genera en mi la obra de César Manrique. Prefiero quedármelo como una emoción no contenida, inspiradora, soñadora y absolutamente genial.

Una ruta por la costa Norte de la isla, de vuelta a Mala, donde pernoctamos, pedía una parada en zona de juegos y en la playa de La Garita encontramos una, con chiringuito cercano para acompañar la circunstancia con una cerveza que ayudara a bajar el atracón de arte y naturaleza observado. Allí los niños se encontraron con Frozen, que los convirtió en hielo. Corrieron y saltaron por toboganes y también por un skate park que ampliaba las opciones. Finalmente, rumbo a casa, échense una parada en la PCAN de Arrieta. A medio camino entre tienda de víveres y ferretería, este comercio debería contar como atracción turística: tiene más género que algunos supermercados, productos variopintos y una contable en la puerta con una calculadora antiquísima. Lo cierto es que resolvió todo lo que necesitábamos. Mañana es otro día.

Ocho Pies en Lanzarote: Parque Nacional de Timanfaya

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Baby Arts, una experiencia artística

Fotografía: Mar Padilla

Este sábado disfrutamos de la primera de las seis sesiones de Baby Arts que se desarrollarán durante 2019 en el Centro de Arte La Regenta, en Las Palmas de Gran Canaria.

De una idea original de Ocho Pies, Badabadum y la artista Lía Ateca, este taller ofrece la posibilidad de entrar en contacto con la pintura y la música, vinculando las experiencias artísticas, imprimiendo música y cantando pintura.

Durante aproximadamente una hora, los bebés exploran a través de la música y las texturas, formas, colores y técnicas que le ponen en contacto con la expresión.