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Agenda de Ocho Pies en Febrero

En febrero tenemos más propuestas para Infancia, Familias y profesionales de la Educación.

🦋 Juego – Cuentos – Cerámica – Instalaciones artísticas y lúdicas – Formación – Documental 🦋

👣 Jueves 6 de febrero, a las 11.00h. Sesión de Juego Libre #BeréBeré! para bebés de 0-3 años.

👣 Domingo 9 de febrero, a las 11.30h. «Semillas: Cuentos, Música, Poesía y otras maravillas» con María Buenadicha.

👣 Martes 11 de febrero a las 17.00h. Charla – Taller con Victoria Melián Artiles, mamá odontopediatra. «Salud bucodental en la primera infancia».

👣 Jueves 13 de febrero a las 17.00h. Proyección + charla coloquio con los creadores del documental «Hola Mundo» (Algo que recordar – Viajes en familia) en Kaizen Montessori.

👣 Sábado 15 de febrero a las 11.30h. Taller de Cerámica con Paola Grossi, para crear con las manos y jugar. (3-6 años).

👣 Miércoles 19 de febrero a las 17.00h. Formación «Desde el Vacío. Materiales para espacios de juego; combinaciones y sinergias entre ellos; durabilidad; cualidades; conjunto y armonía» con Nómadas, espacios sensoriales de arte y juego.

👣 Jueves 20 de febrero a las 17.00h. Formación «Disciplina Positiva» Taller Vivencial de 7 semanas con Eva Salgado.

👣 Sábado 22 de febrero a las 11.00h. «Bebelé: Lucas y el huevo». (6 meses – 4 años) con Nómadas, espacios sensoriales de arte y juego.

¡Les esperamos! 🌿

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Ocho Pies en Lanzarote: un paseo por el Sur y Malabharía

Es un placer recorrer las carreteras del interior de Lanzarote, allá donde a José Saramago le dirían que el pescado mejor en la costa, aunque la costa bañe de forma imponente el interior, indentitario, cuidado, bello en el esplendor del blanco y la altura necesaria de las casas sobre el negro salpicado que decora ese marco tan fresco para soñadores.

Para llegar hasta El Golfo atravesamos la Geria por puro placer. Indómita y generosa, negra por naturaleza brutal. Y en El Golfo con la misma facilidad que nos sentamos en una terraza soñando con unas cañas y unas gambas, nos levantamos cuando vimos la carta y sus precios. Es para otros públicos. En Los Hervideros recordamos que fuimos masa. Cuando tuvimos que hacer la tercera cola decidimos irnos, tampoco era el lugar adecuado. No sé si algún día lo será. Ahí nos fuimos con contradicciones y preguntándonos qué parte somos.

Llegamos a Femés con banda sonora de Mararía. Bajo la Atalaya de Femés encontramos el Restaurante Casa Emiliano para pedir un buen potaje de Lentejas y otras viandas. Qué rudeza en la belleza de Femés y qué inspiradora es tierra quemada. A la salida, un rato de juego sobre el picón mirando a Playa Blanca y Montaña Roja, temiendo por las vistas. Fotografiando para el recuerdo.

Hicimos la digestión en Playa de Papagayo, con el segundo baño en la marea del año, cifra no desdeñable para ser 3 de enero. Allí, en la falda y extremo popular de Los Ajaches, escoltados por la bella Playa de las Mujeres, la Playa del Pozo y la Caleta del Congrio. Con ropa y sin ella antes de plegar velas rumbo al norte, nos esperaba el espectáculo inaugural del Malabharía.

Advertidos por una seria funcionaria: “Estese aquí a las nueve o no tendrá entrada, solo quedan pases para el jueves”, el amanecer lo vimos en Haría, cuando la luz sale y pone fuego a las palmeras para iluminar el despertar de una población de 800 habitantes. En el Bar de Quino, en la esquina de la plaza, las conversaciones mañaneras giran en torno a convenios, a podas, a animales y otros asuntos cotidianos. “El edificio de los bordes grises es el Ayuntamiento”, me dijo la amable camarera.

Nos volvió a advertir la seria funcionaria cuya voz reconocí: “Lleguen a las 19.30h, aunque empieza una hora después, es lo mejor para coger sitio. No son numeradas”. Aunque nos sonó algo exagerada, cumplimos, y había allí una fila de personas desafiando el atardecer de diciembre en Haría haciendo cola para un espectáculo de circo. Y aquí es hora de decirlo: el espectáculo fue Myres, de Circo Grop. Un espectáculo que nos atrapó desde el primer momento y que se propone tirar del hilo, de los hilos, de tus hilos como espectador/a. Desde la primera fila, la danza, acrobacias y la estética nos cautivó. Y de repente se esfumó y con el fin, el día, que se apagó entre las palmeras anochecidas y el cielo estrellado de Haría, tanto desde el monte como desde la playa. Era hora de dormir. Mañana será otro día.



Intérpretes: Libby Halliday, Fifi Rosenblat, Nina Savidi, Moran Shoval
Idea Original y Dirección: Stefano Fabris
Composición Musical: Nacho Peña

Ocho Pies en Lanzarote: un paseo por el Norte

Ocho Pies en Lanzarote: Parque Nacional de Timanfaya

Otros viajes: Holanda

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Ocho Pies en Lanzarote: un paseo por el Norte

El 1 de enero amaneció despejado. Las tuneras seguían en el mismo lugar que el día anterior. Sería prodigioso que no lo estuvieran aunque hubiésemos cambiado de año. Después de desayunar, con la nevera llena (tomate, uvas, manzana, pera, pasta…), marchamos en busca de una playa al norte de la Isla. Lanzarote se va mostrando delicada y abrupta, como un oximorón en sí. Con las montañas peinadas por el viento, el agua azotada por el viento, los pelos al vuelo por el viento, los molinos en movimiento por el viento.

El Malpaís de la Corona es un capricho geológico por el que pasear es un lujo. Cuántas formas inexactas, imperfectas, maravillosas, negras, quemadas que de repente desemboca en caletones de arena blanca y fina encontrando el contraste necesario. En el Caletón Blanco, donde hasta los noruegos iban con pantalón largo y chaqueta, nos bajamos en cholas y bermudas con ánimo de agua salada para empezar el año.

El Caletón Blanco está cerca de Órzola, a un par de minutos.
Los animales formando.

Tras unas cuantas carreras, saltos por los charcos y chapoteo, los corrales de piedras se erigen como refugio para jugar, comer y observar como las playas han cambiado su uso desde la llegada de las redes sociales. Más que cambiado, probablemente, intensificado: vimos un desfile de gente que llegaba al agua y posaba, con sonrisa forzada, para la foto de turno. Y marchaban. Y así, uno, dos, tres, cuatro, cinco y perdimos la cuenta. Mientras, las cebras y el león habían conquistado el territorio del tigre y todos juntos desfilaban hacia otro país. O eso decían. El Caletón blanco, aunque ventoso, es un lugar idóneo para un día de playa familiar. Calculamos marea baja para tener más playa.

Mirando el Río

Para coger un poco de resuello y calmar las cabelleras subimos hasta el Mirador del Río en busca de un café. Aún tenemos la boca abierta. No es el paisaje ni la construcción que permite su vista, sino la combinación de ambos. Lo que Manrique llamaba el arte total. Qué locura de lugar. Supongo que si han estado no cabe palabra alguna más que podamos aportar. Si no han estado, busquen un hueco en algún momento. De ahí, bajamos por Ye a Jameos del Agua para seguir alucinando. Allí, recordaré siempre, los niños enterraron a Spiderman, metafóricamente, bajo piedritas y solo dejaron sus botas a la vista, para que «se le viera un poco». Era fundamental.

No tengo ni quiero palabras para describir lo que genera en mi la obra de César Manrique. Prefiero quedármelo como una emoción no contenida, inspiradora, soñadora y absolutamente genial.

Una ruta por la costa Norte de la isla, de vuelta a Mala, donde pernoctamos, pedía una parada en zona de juegos y en la playa de La Garita encontramos una, con chiringuito cercano para acompañar la circunstancia con una cerveza que ayudara a bajar el atracón de arte y naturaleza observado. Allí los niños se encontraron con Frozen, que los convirtió en hielo. Corrieron y saltaron por toboganes y también por un skate park que ampliaba las opciones. Finalmente, rumbo a casa, échense una parada en la PCAN de Arrieta. A medio camino entre tienda de víveres y ferretería, este comercio debería contar como atracción turística: tiene más género que algunos supermercados, productos variopintos y una contable en la puerta con una calculadora antiquísima. Lo cierto es que resolvió todo lo que necesitábamos. Mañana es otro día.

Ocho Pies en Lanzarote: Parque Nacional de Timanfaya

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¿Y si bailamos?

Quizás en algún momento de tu maternidad o paternidad has bailado, seguido el baile o saltado en el salón o en cualquier lugar de la casa con tus hijos/as. Y se han reído. Y ha sido un momento de conexión. Y ha sido bello o, seguro, divertido. Aunque tuvieras prisa un segundo antes.

Algún día pensamos que bailar toda la familia junta, dejándose llevar por aquello que quizás alguno/a ya ha olvidado, para liberar y para flotar, para no pensar más que en seguir bailando. Y con el baile de los padres y las madres, los niños y las niñas también se divierten y se suman. Y si hay abuelas, como había, mejor.

Gracias como siempre a las familias, que agotaron las plazas para este ratito de danza que, seguro, repetiremos junto a Gloria Godínez, que este año estará en Ocho Pies no solo con danza, sino también con Yoga en Familia.

Es un placer empezar el curso bailando bajo los árboles al aire libre. Respirando y sonriendo con Danza Comunitaria que es una herramienta para el empoderamiento de las comunidades.

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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 5. Leiden y Haarlem

En un viaje en familia de casi dos semanas (en nuestro caso con gemelos de tres años) claro que hay días en los que las cosas no salen bien o como las habías imaginado. Esos días están. Y al final de ellos es recomendable quedarse con las cosas buenas que han pasado, que no han sido pocas.

Los días de traslados largos y nuevas estancias para dormir son propensos, además, a que esto ocurra. Al menos en nuestro caso. Una visita a Leiden es muy recomendable, es una joya inusual, una alegría para los sentidos. Y quedaba de camino. Quisimos aparcar en el centro pero el aparcamiento está reservado a residentes y de esto nos dimos cuenta cuando ya estaba todo el despliegue bajado del coche: carros, bolso, coche aparcado… Así que uno se fue a aparcar a un parking y otra se queda en el centro con dos niños de tres años, con manadas de bicicletas, canales a la vista y mil estímulos para explorar. Esto es como cuando en las películas en el momento de mayor incertidumbre los dos personajes deciden separarse a ver si cada uno resuelve. Todo esto sin teléfonos móviles y confiando en la capacidad de orientación y también, digamos, un poquito de suerte. Escapamos.

Leiden tiene unos paseos únicos. Aún así no fue mal del todo, pero en contención. Por ejemplo, en el momento fue caótico, pero ahora, horas después, resulta una escena cómica de la que seguro que se acordarán. La madre ve una tienda con vestidos tirados y con los que estaría guapísima. Y a ellos la tienda les resulta curiosa. Entran a la tienda a la velocidad de un rayo, se pierden, y de repente Piero tiene un sombrero puesto y Julen está probando todas las gafas de sol. Las dependientas se miran. Piero dice: “mira Julen”. Y a partir de ahí arman la fiesta y salen corriendo de la tienda riéndose, con lo que te ves a Mar frente al espejo y a Piero corriendo por una calle de Leiden con una pamela de mujer puesta, mientras Julen sigue con las gafas de sol.

Así, una tras otra, llegamos a la oficina de Turismo que para ser una ciudad como Leiden se queda poco vistosa. No saben español y con el inglés, regular. Nos muestra un parque en el mapa en el que podemos estar cómodos y tiene una cafetería. Haber ido al Naturalis Biodiversity Center podría haber estado bien, ver a sus amigos los dinosaurios desde otro punto de vista. No llegamos al Hortus Botanicus Leiden, un antiguo jardín botánico con cafetería. No pudo ser. Nos encontramos al final en un parque con un ajedrez gigante. Y allí sentados pedimos comida en un indonesio, que picaba un carajo, pero no las comimos. “Quiero noodles, zanahoria, el pollo pica” y bueno, ahí lo llevamos.

A unas cuadras, el Molen de Put, un molino con un parque con un barco de madera que tenía tobogán y algunas zonas de escalada. El molino data de 1600 y tú ni lo miras. Sobrevivimos. Y de camino al parking se duermen y nos vamos hasta Haarlem. Durante el viaje Mar está leyendo un libro sobre disciplina positiva y en el camino lee alguna frase en alto y lo cierto es que nos está viniendo bien para sobrellevar la intensidad.

En Haarlem, tras el checkin, damos un paseo hacia el centro de la ciudad, que tiene una inmensa plaza para correr y saltar. En un ratito había un concierto de órgano en la iglesia. Una frikada muy gorda, pero por probar. Y en tres minutos, le cogieron el helado a una mujer que pasaba por allí, le dieron dos golpes al señor que estaba tranquilamente mandando sus whatsapps y unas plantas fueron abonadas. Claro, porque al viaje se ha sumado que los dos han decidido dejar el pañal justo estos días. Divertidísimo.

Al final, concierto de órgano no y una pizza y una pasta, que es mano de santo por lo que les gusta hicieron posible una cena. Y un día así merecía un epílogo de festival en la habitación (más pequeña de lo que creíamos), con saltos, fiestas y risas y una liada tras otra. Que si la cortina, la litera, el baño, la luz y todo entre risas explosivas imparables. Los padres de gemelos saben que cuando semejante complicidad se alía…

Así que en definitiva lo que parecía haber sido un día intensamente jodido y de tensión, resulta que fue el despertar en el paraíso que un día soñaste para pasar unas vacaciones, comida indonesia en un parque de Leiden, cena italiana en el Markt de Haarlem y acostarse entre risas, fiestas y diversión. Así que, en definitiva, lo que pareció un mal día, no lo fue tanto. Ahora bien: en el procurar la felicidad para nuestros hijos, no olvidemos procurar la nuestra propia, que no siempre tiene por qué ser ni en el mismo momento ni coincidentes.

A dormir, que mañana nos metemos en la biblioteca de Amsterdam y lo haremos con una sonrisa de reto logrado. De sueño cumplido. Si llegamos, claro 🙂

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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 4. Isla de Goeree-Overflakkee y Middelburg

Teníamos muchas ganas de conocer Zeeland y la isla de Goeree-Overflakkee (Zuid Holland). Y nos hemos encontrado un lugar en el que disfrutar de diferentes actividades en familia con un paisaje singular.

Elegimos Smiling Budha, una casa en Atchuizen (al sur de Goeree-Overflakkee) con jardín, con un canal y todo lo necesario para estar como en casa. Además, Petra y Adrian acogen de maravilla prestándose a resolver lo necesario. Eso sí, en el pueblito, que tiene todo el encanto, apenas hay un bar y una estación de servicios, así que hay que venir con la compra hecha por el camino. En la capital Midelharnis o en Hellevoetsluis puedes encontrar lo necesario.

Desde aquí aprovechamos para recorrer la isla en la que estamos y también para ir a Middelburg, a la que le teníamos muchas ganas desde que sabíamos que íbamos a venir a Holanda.

La ingeniería ha hecho posible que existan estas tierras conquistadas al mar y se nota a cada paso. La relación con el agua es continua. Puentes con el mar del norte a ambos lados y, sobre todo, una tranquilidad ajena a la velocidad del continente. Da igual que sea lunes, jueves o domingo. Ritmo pausado con sabor a verano, que es lo que buscábamos.

Middelburg

  • Middelburg se presenta como una ciudad coqueta y amable para ir con los niños. Bastantes zonas ajardinadas, parques transitables, zonas peatonales y una estética poco habitual para nosotros que venimos del Atlántico.
  • En el mercado de segunda mano se pueden encontrar todo tipo de objetos. Merece la pena una visita. Además, ahí también está en el punto de información turística que tiene un componente de tienda y que ofrece productos de calidad.
  • Cerca, a unos minutos andando por zona peatonal está la Lange Lan, un inmenso torreón con más de 200 escalones. Para subir con los niños, regular (tienen tres años en el momento de este viaje), pero ofrece una vistas únicas de la ciudad.
  • La calle peatonal tiene tiendas curiosas para el que quiera comprar juguetes de madera, ropa o lo que quieran llevar.
  • En la vía ciclista que conduce a Domburg, en un parque, pueden encontrar un parque de juegos natural, se llama Hoogerzad.

Goeree-Overflakkee

  • La isla se recorre en unos 45 minutos de norte a sur. Nosotros nos quedamos en el sur. En Ouddorp, en el norte, encontramos algunas recomendaciones interesantes:
  • Flipjes, en Ouddorp, es un parque en el que se paga dos euros por persona. Y hay unas mesas y cafetería para tomar algo. El parque tiene variedad de juegos para los niños, que venían demandando acción después de la visita a Middelburg.
  • En Ouddorp también puedes encontrar Ziegenbaurnhof de mekkerstee, una granja-tienda con parque. A nosotros no nos va demasiado este tipo de lugares, pero al que le guste hay conejos, cabras, vacas, cerdos y otros animales, además de vender productos (como helados o queso) hechos con la leche de la granja. Ahí queda, por si les hace. Está al borde de la carretera, en la calle Hofdijksweg. En la web pueden ver algo más antes de ir.
  • Hay inmensas playas, siempre equipadas para niños y con accesos fáciles y cercanos. Es un gusto y un lujo poder veranear así. Fácil de aparcar si vas en coche.
  • Por último, y aunque no esté exactamente en Goeree-Overflakkee, si viajas con niños/as a Zeeland, una visita al Delta Park es una parada casi obligatoria. Echa un vistazo a la web.
  • Tanto Zeeland como Goeree-Overflakkee ofrecen múltiples y variadas opciones de alojamiento, desde campings, a recreatiparks, apartamentos, hoteles y si vienes en caravana también hay espacio habilitado para ello. Bucea un poco y busca un lugar adaptado a tu plan de viaje y familia.

3. Ocho Pies en Holada y Bélgica: De Haan y ‘Feest in’t Park’

2. Ocho Pies en Holanda y Bélgica: Brujas y Damme

1. Ocho Pies en Holanda y Bélgica: Rotterdam-Kaatsheuvel