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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 6. Biblioteca de Amsterdam, paseo en bici y Vondelpark

Amsterdam es una ciudad torcida, una ciudad diseñada. Desde el principio, con un objetivo. No es la mejor ciudad para perderse un día con dos niños/as de tres años. Pero bueno, claro que hay opciones que se pueden intentar.

El primer movimiento lo hicimos de un golpe: aparcar en el Parking Garaje Centrum Oosterdok (unas 10 horas fueron 20 euros). Leyendo algunos comentarios de usuarios lo situaban en un nivel económico decente, el máximo por todo el día es 30 euros. Además, está ubicado entre la OBA (Biblioteca Pública) y el museo NEMO (le debemos otra visita a Holanda y Nemo estará presente), por lo que si vas en familia puede ser una buena ubicación de partida.

Así que una vez aparcados, el ascensor abre sus puertas y 10 metros a la derecha está la entrada a la biblioteca. Y a unos 100 metros, la tienda donde alquilaríamos las bicis. La cosa era facilitar la logística y desplazamientos que ya estábamos en los últimos días del viaje y lo íbamos notando.

OBA (Biblioteca Pública de Amsterdam)

El edificio, inaugurado en 2007, está en el denominado Cultur Plein. A la vera del afamado Conservatorio de la ciudad. La OBA tiene diez plantas y una de ellas, la -1, está dedicada a los niños/as. La denominaron Junior. Con una distribución que invita a perderse entre libros y rincones preparados para el disfrute de los más pequeños/as, la biblioteca de Amsterdam debe ser un paso obligado para las familias que quieran disfrutar de un rato en un espacio luminoso, lleno de literatura e imaginación, cuyo acceso es gratuito y que además tiene un extenso programa de actividades, especialmente en verano.

  • Para encontrar libros en inglés, español, alemán o cualquier otro idioma que no sea el Neerlandés, hay que solicitarlo a las personas que trabajan en la biblioteca. Los sacará perdidos de una estantería. Justo en español no encontró nada. Hemos desarrollado un exquisito gusto para interpretar y traducir/inventar instantáneamente libros en neerlandés.
  • Por poner un pero: estaría bien (y esto pasa en otras bibliotecas también cercanas) que la persona que da la información en la entrada no fuera personal de seguridad, con su porra y todo. Por decoro, aunque sea.
  • El espacio es espectacular. Se puede disfrutar de todos los rincones, casa de ratones, espiral con azotea, grandes sillones, espacios para lectura y juego.
  • Sorprende la poca presencia de materiales alternativos a los libros que sí suele haber en otras bibliotecas, como puzzles de madera y otros materiales didácticos.
  • En la planta siete hay una cafetería/restaurante/mesas para comer lo que llevábamos de casa con vistas a la ciudad que merece mucho la pena no dejar de ver.
  • Disfruten de una de las mayores bibliotecas de Europa, nada menos.

Paseo en bici hasta Vondelpark

Entre las opciones posibles escogimos tomar una bici-tandem cerca de la estación central e ir hasta Vondelpark y pasear por el parque. Quizás hubiese sido mejor alquilar por horas cerca del propio parque (hay varias compañías disponibles en las inmediaciones) y llegar a él en tranvía. Pero no fue lo que hicimos.

Así que allá fuimos con los niños partidos de la risa y flipando con todo lo que iban viendo de frente. Entre una cosa y otra llegamos al Museo Plein, el jardín que está en medio de la zona museística más importante de la ciudad, justo al lado del Museo de Van Gogh. Nos quedamos con las ganas pero seguimos hacia Vondelpark que se acercaba peligrosamente la hora de la comida y no lo teníamos muy claro.

  • Cualquier rincón de este parque invita a jugar. Zonas verdes como estas en medio de la ciudad invitan a la reflexión de cuál es nuestro lugar.
  • El parque tiene algunos rincones especialmente interesante para los niños/as como el Von del Tuin, que tiene una pequeña biblioteca de libros libres y un parque con tremendo arenero rodeado de árboles.
  • Si vas desde Estación Central calcula un colchón importante de tiempo entre la salida y la llegada, porque hay un trecho. Especialmente, si tus hijos son aficionados a la siesta y pase lo que pase, aunque vayan en tandem, se van a querer dormir a la vuelta porque no la perdonan, aunque sean las seis de la tarde.

Y así fue, que a la vuelta, en esa hora en la que los niños desaparecen de la ciudad, cuando más bonita se pone, a las seis de la tarde, nos disponíamos a volver hacia el parking para iniciar la operación regreso. Y claro: cabezazos en el tándem y los niños que se quedaban dormidos en bicicleta. No era nada seguro. Así que «paramos en la primera cafetería que veamos» y ahí en la esquina apareció un bar que no parecía gran cosa; aparcamos las bicis y entramos al bar con dos mochilas, dos niños cogidos en brazos y dos mantas que los tapaban, que empezaba a refrescar. Y así nos sentamos en la única mesa libre, en el centro de aquel bar sin prestar atención a lo que nos rodeaba. Allí estábamos en un restaurante de gente local, con el personal vestido tirando hacia la etiqueta y nosotros con dos niños dormidos en brazos y en marcha desde las siete de la mañana. La carta, solo en holandés. Señalé un plato y apareció por allí una especie de solomillo a la pimienta que estaba espectacular y unas papas en un plato separado con un cuenquito con mayonesa. Nos las comimos con la mano que teníamos libre como si estuviéramos en el piscolabis del barrio. Y lo cierto es que nos supo, lo más cercano a una cena romántica que podíamos tener en circunstancias semejantes. Tuvimos la idea de acostar a los niños en el tándem y avanzar. Gran idea. Pero justo cuando íbamos a arrancar se despertaron y volvimos al restaurante para pedir otro impronunciable plato igual, pero ya dos señoras llegadas de 1960 habían ocupado la mesa.

El paseo final, todos con la barriga llena, fue al atardecer por el centro de la ciudad, recorriendo algunas de sus calles más populares, disfrutando del brillo de sus canales, de sus calles torcidas, de sus miradas perdidas, de sus olores intensos, de su turismo del que es difícil disfrutar. A una ciudad a la que los canales no la han ahogado, que no la ahogue el turismo, que sí, da vida, pero sí, también roba el alma.

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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 5. Leiden y Haarlem

En un viaje en familia de casi dos semanas (en nuestro caso con gemelos de tres años) claro que hay días en los que las cosas no salen bien o como las habías imaginado. Esos días están. Y al final de ellos es recomendable quedarse con las cosas buenas que han pasado, que no han sido pocas.

Los días de traslados largos y nuevas estancias para dormir son propensos, además, a que esto ocurra. Al menos en nuestro caso. Una visita a Leiden es muy recomendable, es una joya inusual, una alegría para los sentidos. Y quedaba de camino. Quisimos aparcar en el centro pero el aparcamiento está reservado a residentes y de esto nos dimos cuenta cuando ya estaba todo el despliegue bajado del coche: carros, bolso, coche aparcado… Así que uno se fue a aparcar a un parking y otra se queda en el centro con dos niños de tres años, con manadas de bicicletas, canales a la vista y mil estímulos para explorar. Esto es como cuando en las películas en el momento de mayor incertidumbre los dos personajes deciden separarse a ver si cada uno resuelve. Todo esto sin teléfonos móviles y confiando en la capacidad de orientación y también, digamos, un poquito de suerte. Escapamos.

Leiden tiene unos paseos únicos. Aún así no fue mal del todo, pero en contención. Por ejemplo, en el momento fue caótico, pero ahora, horas después, resulta una escena cómica de la que seguro que se acordarán. La madre ve una tienda con vestidos tirados y con los que estaría guapísima. Y a ellos la tienda les resulta curiosa. Entran a la tienda a la velocidad de un rayo, se pierden, y de repente Piero tiene un sombrero puesto y Julen está probando todas las gafas de sol. Las dependientas se miran. Piero dice: “mira Julen”. Y a partir de ahí arman la fiesta y salen corriendo de la tienda riéndose, con lo que te ves a Mar frente al espejo y a Piero corriendo por una calle de Leiden con una pamela de mujer puesta, mientras Julen sigue con las gafas de sol.

Así, una tras otra, llegamos a la oficina de Turismo que para ser una ciudad como Leiden se queda poco vistosa. No saben español y con el inglés, regular. Nos muestra un parque en el mapa en el que podemos estar cómodos y tiene una cafetería. Haber ido al Naturalis Biodiversity Center podría haber estado bien, ver a sus amigos los dinosaurios desde otro punto de vista. No llegamos al Hortus Botanicus Leiden, un antiguo jardín botánico con cafetería. No pudo ser. Nos encontramos al final en un parque con un ajedrez gigante. Y allí sentados pedimos comida en un indonesio, que picaba un carajo, pero no las comimos. “Quiero noodles, zanahoria, el pollo pica” y bueno, ahí lo llevamos.

A unas cuadras, el Molen de Put, un molino con un parque con un barco de madera que tenía tobogán y algunas zonas de escalada. El molino data de 1600 y tú ni lo miras. Sobrevivimos. Y de camino al parking se duermen y nos vamos hasta Haarlem. Durante el viaje Mar está leyendo un libro sobre disciplina positiva y en el camino lee alguna frase en alto y lo cierto es que nos está viniendo bien para sobrellevar la intensidad.

En Haarlem, tras el checkin, damos un paseo hacia el centro de la ciudad, que tiene una inmensa plaza para correr y saltar. En un ratito había un concierto de órgano en la iglesia. Una frikada muy gorda, pero por probar. Y en tres minutos, le cogieron el helado a una mujer que pasaba por allí, le dieron dos golpes al señor que estaba tranquilamente mandando sus whatsapps y unas plantas fueron abonadas. Claro, porque al viaje se ha sumado que los dos han decidido dejar el pañal justo estos días. Divertidísimo.

Al final, concierto de órgano no y una pizza y una pasta, que es mano de santo por lo que les gusta hicieron posible una cena. Y un día así merecía un epílogo de festival en la habitación (más pequeña de lo que creíamos), con saltos, fiestas y risas y una liada tras otra. Que si la cortina, la litera, el baño, la luz y todo entre risas explosivas imparables. Los padres de gemelos saben que cuando semejante complicidad se alía…

Así que en definitiva lo que parecía haber sido un día intensamente jodido y de tensión, resulta que fue el despertar en el paraíso que un día soñaste para pasar unas vacaciones, comida indonesia en un parque de Leiden, cena italiana en el Markt de Haarlem y acostarse entre risas, fiestas y diversión. Así que, en definitiva, lo que pareció un mal día, no lo fue tanto. Ahora bien: en el procurar la felicidad para nuestros hijos, no olvidemos procurar la nuestra propia, que no siempre tiene por qué ser ni en el mismo momento ni coincidentes.

A dormir, que mañana nos metemos en la biblioteca de Amsterdam y lo haremos con una sonrisa de reto logrado. De sueño cumplido. Si llegamos, claro 🙂

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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 4. Isla de Goeree-Overflakkee y Middelburg

Teníamos muchas ganas de conocer Zeeland y la isla de Goeree-Overflakkee (Zuid Holland). Y nos hemos encontrado un lugar en el que disfrutar de diferentes actividades en familia con un paisaje singular.

Elegimos Smiling Budha, una casa en Atchuizen (al sur de Goeree-Overflakkee) con jardín, con un canal y todo lo necesario para estar como en casa. Además, Petra y Adrian acogen de maravilla prestándose a resolver lo necesario. Eso sí, en el pueblito, que tiene todo el encanto, apenas hay un bar y una estación de servicios, así que hay que venir con la compra hecha por el camino. En la capital Midelharnis o en Hellevoetsluis puedes encontrar lo necesario.

Desde aquí aprovechamos para recorrer la isla en la que estamos y también para ir a Middelburg, a la que le teníamos muchas ganas desde que sabíamos que íbamos a venir a Holanda.

La ingeniería ha hecho posible que existan estas tierras conquistadas al mar y se nota a cada paso. La relación con el agua es continua. Puentes con el mar del norte a ambos lados y, sobre todo, una tranquilidad ajena a la velocidad del continente. Da igual que sea lunes, jueves o domingo. Ritmo pausado con sabor a verano, que es lo que buscábamos.

Middelburg

  • Middelburg se presenta como una ciudad coqueta y amable para ir con los niños. Bastantes zonas ajardinadas, parques transitables, zonas peatonales y una estética poco habitual para nosotros que venimos del Atlántico.
  • En el mercado de segunda mano se pueden encontrar todo tipo de objetos. Merece la pena una visita. Además, ahí también está en el punto de información turística que tiene un componente de tienda y que ofrece productos de calidad.
  • Cerca, a unos minutos andando por zona peatonal está la Lange Lan, un inmenso torreón con más de 200 escalones. Para subir con los niños, regular (tienen tres años en el momento de este viaje), pero ofrece una vistas únicas de la ciudad.
  • La calle peatonal tiene tiendas curiosas para el que quiera comprar juguetes de madera, ropa o lo que quieran llevar.
  • En la vía ciclista que conduce a Domburg, en un parque, pueden encontrar un parque de juegos natural, se llama Hoogerzad.

Goeree-Overflakkee

  • La isla se recorre en unos 45 minutos de norte a sur. Nosotros nos quedamos en el sur. En Ouddorp, en el norte, encontramos algunas recomendaciones interesantes:
  • Flipjes, en Ouddorp, es un parque en el que se paga dos euros por persona. Y hay unas mesas y cafetería para tomar algo. El parque tiene variedad de juegos para los niños, que venían demandando acción después de la visita a Middelburg.
  • En Ouddorp también puedes encontrar Ziegenbaurnhof de mekkerstee, una granja-tienda con parque. A nosotros no nos va demasiado este tipo de lugares, pero al que le guste hay conejos, cabras, vacas, cerdos y otros animales, además de vender productos (como helados o queso) hechos con la leche de la granja. Ahí queda, por si les hace. Está al borde de la carretera, en la calle Hofdijksweg. En la web pueden ver algo más antes de ir.
  • Hay inmensas playas, siempre equipadas para niños y con accesos fáciles y cercanos. Es un gusto y un lujo poder veranear así. Fácil de aparcar si vas en coche.
  • Por último, y aunque no esté exactamente en Goeree-Overflakkee, si viajas con niños/as a Zeeland, una visita al Delta Park es una parada casi obligatoria. Echa un vistazo a la web.
  • Tanto Zeeland como Goeree-Overflakkee ofrecen múltiples y variadas opciones de alojamiento, desde campings, a recreatiparks, apartamentos, hoteles y si vienes en caravana también hay espacio habilitado para ello. Bucea un poco y busca un lugar adaptado a tu plan de viaje y familia.

3. Ocho Pies en Holada y Bélgica: De Haan y ‘Feest in’t Park’

2. Ocho Pies en Holanda y Bélgica: Brujas y Damme

1. Ocho Pies en Holanda y Bélgica: Rotterdam-Kaatsheuvel

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Ocho Pies en Holada y Bélgica: 3. De Haan y ‘Feest in’t Park’

Aunque tenemos una ruta imaginada en la cabeza, papeles y algunos mapas, por aquello de la previsión de estancia, comidas y descanso de todos/as (ya no viajamos solos), solemos dejar espacio a la improvisación que surge de lo que nos encontramos por el camino. Y así fue como surgió este cambio de plan que nos condujo a un día largo pero disfrutado.

Lo vimos la tarde anterior, en la ruta por secundarias de Damme a Oostende. Pensamos que podía ser un buen paseo de atardecer, pero decidimos dejarlo para una mañana de playa completa porque según la previsión meteorológica se esperaba un importante aumento de las temperaturas para el día siguiente y se dejó notar desde primera hora. A De Haan, si estás en la costa, se llega por una vía de fácil conducción. También hay tranvía desde Oostende. Desde Brujas o Damme apenas hay 20 minutos de carretera entre pueblitos y granjas.

Aparcar no presenta dificultades, hay suficiente espacio y casi todo gratuito, exceptuando algunos espacios reservados y que, además, no son los más cercanos a la playa. En la cala hay baños pero son privados (50 céntimos). La playa es kilométrica y tiene espacios para hacer nudismo, debidamente señalados. También hay zona para actividades y deportes acuáticos. En el pueblo hay supermercado, pero si vas en coche, y por si encuentras un aparcamiento cercano a la playa, lo mejor es llevar la compra para el día hecha. En la avenida, si aparcas cerca del pueblo, también hay terrazas para comer a precio de primera línea de mar.

Feest in’t Park

Durante la visita a Brujas vimos que se preparaba un festival para el día siguiente. El Feest in’t Park celebraba su 30 edición y por allí queríamos bailar y jugar. Los conciertos empezaban a media tardes, a las 18.30h y a esa hora ya no estaríamos por el lugar, pero antes había talleres, música, teatro, juego, agua y un bazaar que merecía mucho la pena y todo eso en Minnewater Park de Brujas, después de la mañana de playa.

  • Para aparcar la recomendación más económica es fuera de la ciudad. Si no, por un módico precio (el festival es gratuito) lo pueden dejar dentro de la estación de tren e ir andando (está a unos 800 metros).
  • Si no has comido: no comas. En el Festival encontrarás una gran variedad de comida a buen precio. Nosotros optamos por una pasta con salsa de brócoli que devoramos.
  • Es una pena que los conciertos empiecen a partir de las 18h. Podría haber música sobre el escenario desde el principio.
  • Disfrutamos con la fanfarria árabe Remork&Karkaba.
  • Excelente cuidado y variedad de actividades y zonas para niños/as.
  • Si estás en el último fin de semana de junio cerca de Brujas de vacaciones, puede ser una buena opción para pasar la tarde.

Y a las 18h era hora de arrancar que teníamos un recorrido intenso que hacer hasta nuestra siguiente estación, de la que ya les hablaremos: la isla de Goeree-Overflakkee.

2. Ocho Pies en Holanda y Bélgica: Brujas y Damme

1. Ocho Pies en Holanda y Bélgica: Rotterdam-Kaatsheuvel

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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 2. Brujas y Damme

En la ruta que habíamos planeado, Brujas aparecía dibujada como una parada obligatoria. Si vas en coche, aparcar dentro de la ciudad evitando el centro, cuesta nueve euros cuatro horas. Si lo dejas algo más alejado, más allá de las puertas de la ciudad, puede ser gratuito. Por ejemplo cerca del parque Minnewater o al otro lado de la Puerta de Gante. Otra opción, la más popular, es dejarlo en un parking de los muchos que hay en la ciudad. El de la Estación de Tren es útil porque tiene un punto de información turístico, precio muy competitivo y ofrece un paseo amable hasta el Markt.

Hay centenares de páginas web donde puedes encontrar información sobre Brujas y tener nociones para elegir qué hacer. En caso de que quieras saber algo más antes de llegar o estando en la ciudad, la página oficial es la que ofrecerá los datos y horarios más actualizados.

Algunas opciones para Brujas con niños/as

  • No es la ciudad más amable o cómoda para ir con niños/as pero era una oportunidad que no queríamos dejar escapar. En los alrededores del Begijnhof encontramos tranquilidad y jardines, además de caballos y embarcaciones en su exterior. La edificación es del siglo XIII.
  • En el Markt está el Historium. Es una experiencia en realidad virtual que ofrece un recorrido histórico que puede ser atractiva para acercarte a la Historia que pisas cuando paseas por una ciudad de cuento como Brujas.
  • Si encuentras músicos callejeros, detente, siéntate y disfruta de la música desde el respeto hacia un trabajo que pone banda sonora a un viaje, a un paseo y a la vida. Para los niños/as es un momento de disfrute y calma también. En nuestro caso, encontramos acordeón en un puente. Y luego un trío con balalaika, violín y acordeón en Burg.
  • Hay varias tiendas con frutas y verduras expuestas en la calle. Entra, porque además ofrecen ingredientes con los que podrás componer un plato para llevar.
  • En el Vismarkt (originariamente mercado de pescado desplazado del mercado central por su fuerte olor) hay algunos puestos de juguetes de madera y también pescado, claro. Es cómodo y enfila la calle hacia el Astridpark, donde encontrarás un amplio parque de juegos con mesas de madera alrededor para disfrutar de una buena tarde mientras los niños/as encuentran también un espacio de diversión y descanso.
  • Si dejas el coche en la Estación, por ejemplo, el regreso se hace de forma cómoda y circular por el paseo que circunda esta parte de la ciudad.

Damme

Completada la visita a Brujas, sin extendernos demasiado, damos un paseo hacia Damme. Depende de la edad de tus hijos/as y de la ruta que te hayas planteado, ir en bici de Brujas a Damme debe ser una gozada. Son apenas 8 kilómetros al borde de un canal y escoltado por una impresionante hilera de álamos. Nosotros pretendíamos seguir hacia la costa perdiéndonos por las secundarias que rodean Brujas y que siempre ofrecen paisajes peculiares. Por cierto, por si les encaja en el viaje: el segundo domingo de cada mes, Damme se convierte en la ciudad del libro. Aquí pueden seguir su cuenta de Instagram y si van a visitar Brujas, sin duda, es una gran opción para pernoctar.

Así, en Damme nos hablaron de un lugar que nos podría gustar y que por supuesto estaba cerrado cuando llegamos. Menos mal, por otra parte. Eso sí, por el camino encontramos la casa de Stephanie que en primavera y verano la abre a los visitantes ofreciendo un rico café, un jardín cuidado al sol, tumbonas y un espacio de sosiego. Mar tiene un imán para estos lugares. Y el resto de la familia lo agradece. Parece que lo estoy viendo: «mira, espera, qué es aquello, espera que entro un momento»…y a los 20 segundos sale para decir «sí, aquí, nos bajamos». La casa de Stephanie está en Pompestraat, cerca del cruce que conduce a Koolkerksteesteenweg. Al lado hay unas granjas que se pueden visitar. Y oler. Aquí abajo, algunas fotografías, ya saben La vie est belle.

  • Si están por la zona y necesitan reponer fuerzas o hacer una parada De Nieuwe Blauwe Toren (Blankerbergse Steenweg, 2, Ziunkerke) es una GRAN opción para todos/as. Si se les ha hecho tarde, también es una buena opción para cenar al aire libre y disfrutando del atardecer tardío que ofrece esta época del año en esta zona (anochece pasada las diez y media y amanece a las cinco de la mañana).
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Ocho Pies en Holanda y Bélgica: 1. Rotterdam-Kaatsheuvel

Nosotros volamos desde Gran Canaria con Transavia. Son cuatro horas 20 minutos, pero llegó en cuatro. Ya saben: arsenal de material de juego a mano, comida y bebida.

La opción de quedarnos en el centro y al día siguiente, antes de alquilar coche, ver algo de la ciudad nos pareció buena idea. La guagua de la línea 33 te lleva del aeropuerto al centro de Rotterdam. El taxi es caro. Nos quedamos cerca de Blaak Station. Al lado, el espectacular mercado ofrece fruta fresca para el día y mucho más.

En cuanto al alquiler de coche, no encontramos ninguna compañía que deje las sillas de bebé de forma gratuita (en Canarias sí las hay) y revisando precios y viendo la disponibilidad para entregar en oficina diferente, Hertz es la opción más económica y era de las que tenía oficina en la ciudad. Está en la calle Weena, cerca de la Estación Central. El tranvía que va desde Blaak a la Estación Central hace el recorrido en diez minutos. Los/as niños/as menores de cuatro años no pagan.

En algo más de una hora se llega a Kaatsheuvel. Trayecto de una hora en horario de poco tráfico y una tarde para conocer este pueblito al que a partir de ahora le vamos a deber algunos momentos de nuestra memoria. Una buena forma de entrar es visitar su biblioteca, así que lo primero que hicimos fue eso. Está en el centro, al lado de una plaza. Fácil (y gratis) para aparcar y espacio peatonal para los niños/as. La biblioteca tiene una amplia sección infantil, eso sí, con todos los libros en holandés. Impresiona la cantidad y la calidad de los libros, la luminosidad del espacio pero sobre todo impresiona las formas de conservación de otros materiales como puzzles. No solo es cuidar la idea de ofrecer material para atraer a la infancia a las bibliotecas sino conservarlo de forma excelente como manera de cuidar a la propia infancia. Si no cuidamos con esmero los materiales ofrecidos, no estaremos promocionando el cuidado de los mismos. Nos hizo reflexionar.

Luego, llegamos a las puertas del Nationaal Park De Loonse en Drunense Duinen, que está a 10 minutos en coche. El Recreatie Park-Brasserie Het Genieten tiene un parque para niños/as, cerveza fría y un paseo por las dunas a tiro de piedra. No sé a ustedes, pero a los nuestros pocas cosas les hace disparatarse más que unas dunas y si ya hay ardillas, árboles y palos con los que inventar, ya ni les cuento. Y a dormir, que Efteling espera.

Dos apuntes:

  • Si visitan Kaatsheuvel para ir a Efteling dejen una tarde o mañana, si pueden, para visitar el pueblo y sus alrededores.
  • El Hotel De Kroon es una buena opción. Se puede ir caminando a Efteling, es uno de los más económicos de la zona y comparte con Guesthouse Kaatsheuvel, que tiene una amplia zona de juegos para los niños/as. Además, los currantes no te pueden tratar mejor, con más cariño y disponibilidad para hacerlo todo más fácil. Tiene parking gratuito y al lado un supermercado. Ojo que no aceptan todas las tarjetas, ten algo de efectivo.
  • Si tu intención en Rotterdam es solo dormir, llegas tarde y te quieres ir pronto, al lado del aeropuerto hay hoteles a los que se puede llegar caminando en menos de dos minutos. Y en el aeropuerto hay una mayor oferta de alquiler de coches y variedad de precios.